Fui a ver al teatro Picadero, Carrera de fondo, la obra basada en el libro de Nadine Lifschitz editado por Vinilo.
Podría decir que es la historia de una separación: un matrimonio con hijos chicos, un varón asediado por la vida doméstica, una madre agotada y con su individualidad aniquilada. Un cuento conocido. Sin embargo, (para sorpresa de nadie), lo que me interesó no fue la historia sino el relato.
El tema de las adaptaciones siempre me resulta inquietante porque claro, hay un dispositivo que cambia y con él, cuestiones que deben ajustarse para que la maquinaria funcione. En Carrera de fondo se logra a la perfección. Y es así, creo yo, por el trabajo con la materialidad.
En el formato libro, el lenguaje está trabajado de tal modo que podemos revisar paso a paso los cambios de estadios en la sensibilidad de los personajes. Mediante el uso de listados, títulos y en diálogo constante consigo misma, la protagonista se rearma dentro y fuera de la historia. Revela su mente en una especie de diario íntimo compartido con el lector que puede percibir perfectamente las formas que va tomando el relato. El lenguaje siendo la materia prima para la creación de sentido(s).
¿Y la obra? La directora pudo haber decidido mover escenarios, montar espacios, manipular pantallas. En cambio, primó el uso del cuerpo. Lisa, la protagonista de la historia compuesta extraordinariamente por Julieta Zylberberg, muta de ánimos, momentos, situaciones en el uso de su corporalidad. Representa ese movimiento cambiándose de ropa en el mismo escenario. Así, cuando recién se conoce con su pareja, usa una pollera muy sexy y mientras nos cuenta sobre los avatares de su maternidad, se va poniendo un pijama y un par de pantuflas. Esto se sostiene durante toda la obra, en los distintos espacios emocionales que la protagonista transita.
Mientras tanto, algunos de esos títulos que aparecen en el libro, son usados en el teatro como ideas leídas por Gonzalo, (Gadiel Sztryk, ¡genial!), que no es más que una representación subjetiva del marido de Lisa en su propia mente. Y sabemos que es ella y solo ella la que habla porque su esposo usa siempre la misma camisa… Así dialoga con este imaginario y pone el cuerpo otra vez. Se arrastra, se sube a un banco, imagina un volante, lo arrastra a él y lo muestra, todo el tiempo, con la materia prima del teatro.
El lenguaje como materialidad (cuerpo) de una historia y el actor personaje para darle corporalidad a la materia del lenguaje.
La obra, como el libro, es graciosa y emotiva. Nos hace pensar en las relaciones y las asimetrías dentro de los vínculos. Transitamos esos caminos con lo que nos contaron y nos contamos a nosotros mismos sobre las cosas. Hay un duelo de pareja. Hay una persona que también se despide de la que fue en ese vínculo que terminó.
Y entonces se ve, así como en la vida, de qué modo poner el cuerpo suele ser casi inevitable para transitar las crisis, las soledades, nuestros propios límites.
En términos deportivos, una carrera de fondo implica correr una cantidad determinada de metros de manera constante, para sumar kilómetros a modo de entrenamiento para la carrera competitiva. No habla de velocidad, más bien de resistencia. Imagen perfecta de cómo el cuerpo debe aprender a resistir para superarse y avanzar.
Se trata finalmente, de nuestro canal más primitivo, para surfear la existencia.
Carrera de fondo
- Teatro Picadero: jueves 20 hs. / viernes 22 hs.
- Julieta Zylberberg y Gadiel Sztryk
- Sobre un texto de Nadine Lifschitz
- Dramaturgia y dirección: Mariana Chaud



